Impresiona lo sencillo que es mentir, y si para colmo el premio es ella, lo disfruto hasta la adicción. Está sirviendo su enésima mesa y continúa desmayando el aire con su sonrisa de niña traviesa. Elsa bien vale, no una mentira, sino decenas de miles y billones y trillones de ellas.
Ahora es sólo la puerta renegruzca de tu cafetería la que nos separa, una puerta digo … ¡ojalá!… es una zanja abisal la distancia entre nuestras vidas y nuestros cuerpos amada mía … ¿amada he dicho? ¿seré acaso capaz un día de susurrártelo en tus orejas de elfa? No … no …, el dulce que más deseo es aquel que más daño me hace el que sé que no llegaré a probar porque aunque me está vedado su sabor, lo intuyo de una intensidad que renuncio a la vida sólo para dedicarme a imaginarlo.
Otra vez donde se supone que no estoy, no hago girar la puerta sobre los goznes que no chirrían. No saludo a los clientes que no están sentados tomando café. Ni llego a mi mesa de siempre ni me siento en mi silla preferida, ni te llamo con un gesto, ni te pido, como cada día te pido, un café solo por favor.