El hombre febril

Del curso de creación literaria, cómo me ve mi amiga María Quiles, ¡GRACIAS!

Su barbilla de media luna, los caracoles de su pelo y su perfil de moneda lo asemejan a un caballero antiguo. La voz pausada y un cierto aire de timidez acaban por completar un falso retrato de quietud, como la superficie engañosa de un lago. Porque, en su cabeza, las ideas se precipitan, se quitan la palabra unas a otras, corren, se amontonan, se empujan. Y él, en un estado casi febril las centrifuga para componer historias crípticas e inquietantes que, a veces, necesitan un libro de instrucciones para ser comprendidas.

Sus personajes sufren, enloquecen, recuperan la cordura y mueren. La vida en negro, porque los finales felices le producen desasosiego.

Despistado y brillante, amable y peculiar, maquina sin descanso mundos caóticos a los que viaja con frecuencia para huir del espanto de la previsible realidad.

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